Mis padres me pegaban… ¿y estoy bien?

“Cuando era niño, mis padres me pegaban y estoy bien”. Esta frase la escuchamos y sobretodo la leemos frecuentemente en redes sociales. Provoca un gran debate a favor y en contra.

¿Cómo saber si de verdad “estás bien”?

Este post está escrito, a propósito del Día Mundial para la Prevención del Abuso y Violencia contra los niños y niñas, para provocar reflexión, para que tú, te cuestiones y sobretodo tomes medidas, si te das cuenta que “no estás bien”.

Me enfocaré solamente en 5 puntos que considero importantes:

1. Puedo reconocer que sentí dolor.

Cuando hablo de estos episodios, no los minimizo, me doy cuenta que sentía estrés, dolor, vergüenza, impotencia y sobretodo miedo. Reconocer tus sentimientos te permite reencontrarte con tu niño interior, sanar las heridas del pasado y tener una relación más saludable contigo mismo, con una pareja y con otras personas.

2. No me culpo.

Muchas veces escuchamos comentarios como: “yo era terrible, por eso me pegaban”. Al decir esto asumes que tú tenías la culpa de la falta de control de los adultos. Cuando un padre golpea a su hijo, lo hace porque no tiene los recursos emocionales o el conocimiento para manejar la situación de otra manera.

3. No acepto ni practico el castigo físico.

Reconoces que tus padres hicieron lo mejor que pudieron con las herramientas que tenían. Sabes que en tu crianza existieron muchas cosas positivas, sin embargo estás consciente de que comportamientos quieres repetir y cuáles no. Sabes que el castigo físico no es saludable, ni efectivo y provoca dolor.

4. Cuando pierdo la paciencia, lo reconozco y me tomo tiempo para calmarme.

Se que hay momentos difíciles en la crianza, entiendo que cuando siento estrés y no estoy bien emocionalmente soy poco tolerante. En esta situación trato de tomarme unos minutos para calmarme antes de explotar y vuelvo a mis hijos un poco más cargada de madurez, sabiduría y bondad.

5. Busco ayuda cuando la necesito.

Tengo altos y bajos respecto a mi historia. Busco a personas de confianza, a profesionales con los que me siento cómodo para hablar de estos temas vulnerables.

Más de 50 años de investigación muestran que el castigo físico se asocia con consecuencias negativas en el desarrollo de los niños, problemas de comportamiento, desregulación emocional y agresividad.

Junto a mis colegas de Fundación Azulado, hemos trabajado más de 15 años por esta causa. En este camino y después de escuchar diariamente las preocupaciones, dudas, miedos y las vivencias más vulnerables que traen padres y madres a la consulta, puedo decir que un paso clave para cambiar los patrones violentos por un trato respetuoso, empiezan al reconocer y trabajar en nuestra propia historia.

Escrito por:
Paulina Ponce
Directora Fundación Azulado

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