Más que una fecha para hablar de la violencia contra la mujer…

La violencia contra la mujer en Ecuador es una problemática grave y persistente. Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), somos uno de los países de la región con las tasas más altas de violencia de género.

El Ministerio de Salud Pública del Ecuador informó que el 60% de las mujeres en el país han experimentado alguna forma de violencia de género. Esta violencia puede tomar muchas formas, incluyendo violencia física, sexual, psicológica y económica.

En nuestro país la violencia contra las mujeres a menudo está arraigada en normas de género tradicionales y actitudes machistas que se han ido perpetuando y normalizando a lo largo del tiempo, a pesar de existir leyes y políticas implementadas para proteger a las mujeres.

La falta de implementación efectiva de la norma legal y la impunidad suelen ser factores que contribuyen a que la violencia de género siga en aumento. Los recursos para las víctimas a menudo son insuficientes y el acceso a la justicia suele ser limitado, especialmente para las mujeres en áreas rurales o para aquellas que enfrentan barreras adicionales debido a su etnia.

Es necesario un esfuerzo continuo y concertado para abordar esta situación tan compleja  que vivimos mujeres, niñas y adolescentes, que incluya la educación y sensibilización pública, la mejora de los servicios de apoyo a las víctimas y la aplicación efectiva de las leyes existentes.

Descubrir cuánto de violencia normalizada hay en cada uno de nosotros, es ya una obligación en una época marcada por avances tecnológicos que en muchos momentos nos han alejado de la misión más importante de nuestra supervivencia como seres vivos: HUMANIZAR A NUESTROS CACHORROS. Misión que es imposible de realizar sino somos  conscientes de la violencia impregnada en nuestros genes y que, inconscientemente, replicamos día a día.

La violencia contra la mujer tiene numerosas consecuencias negativas tanto para las víctimas como para la sociedad en general.  Entre ellas podemos destacar:

  • Daños físicos y psicológicos: Las mujeres que sufren violencia experimentan lesiones físicas graves, como fracturas, quemaduras o heridas, así como trastornos de salud mental, como depresión, ansiedad o estrés postraumático.
  • Muerte: En muchos casos extremos, la violencia contra la mujer resulta en su muerte. Los feminicidios son una triste realidad en muchos países y representan la consecuencia más grave de la violencia de género al igual que el suicidio de mujeres que ante la realidad maltratante que viven y sin lograr visualizar muchas opciones optan por esta decisión.
  • Impacto en la salud reproductiva: La violencia suele presentar un impacto negativo en la salud reproductiva de las mujeres, incluyendo embarazos no deseados, abortos forzados, enfermedades de transmisión sexual y complicaciones durante el embarazo y el parto.
  • Pérdida de autonomía: La violencia suele limitar la capacidad de las mujeres para tomar decisiones sobre su propia vida, restringiendo su libertad y autonomía.
  • Impacto en la educación y el empleo: Las mujeres que sufren violencia ven afectada su capacidad para acceder a la educación o mantener un empleo estable, lo que limita sus oportunidades de desarrollo personal y profesional.
  • Ciclo de violencia: La violencia contra la mujer suele perpetuarse a lo largo del tiempo, creando un ciclo de abuso en el que las víctimas llegan a normalizar la violencia y tener dificultades para escapar de la situación.
  • Costos económicos: La violencia contra la mujer tiene un impacto económico significativo, tanto en términos de atención médica y servicios de apoyo a las víctimas, como en la pérdida de productividad y el impacto en la economía en general.
  • Desintegración familiar: La violencia afecta negativamente las relaciones familiares, causando tensiones y conflictos que pueden llevar a la desintegración familiar y al impacto en los niños que presencian o sufren la violencia.
  • Normalización de la violencia: Estos actos contra la mujer contribuyen a considerar que es habitual y apropiado mantener una interacción violenta en la sociedad en general, perpetuando actitudes y comportamientos de este tipo.
  • Violencia intergeneracional: La violencia contra la mujer se transmite de una generación a otra, creando un ciclo de violencia que afecta a las mujeres y niñas en diferentes etapas de su vida dejando una huella permanente es las trayectorias de crecimiento.

Desde mi experiencia como mujer y madre de una hija adulta, considero que tenemos la responsabilidad de cambiar esta realidad desde nuestros propios espacios. Aunque se requiere de la interacción de toda la sociedad, creo que es importante revisar los  patrones de crianza, aquellos con los que hoy estamos acompañando en su desarrollo a hijos e hijas.

Les invito a mirarnos a nosotros mismos y con ojos benevolentes,  identifiquemos y reconozcamos aquellas conductas que no son parte del buen trato y que en nuestro día a día vamos normalizando, alejándonos de ese intercambio respetuoso entre padres, madres e hijos/as.

Psicól. Ma. Cristina Arguello
Directora de Proyectos
Fundación Azulado

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